Hay una razón por la que algunos de nosotros anhelamos los postres pegajosos cuando nos sentimos deprimidos: tienen raíces en asociaciones felices. Este tipo de antojos provienen de patrones establecidos desde hace mucho tiempo, a veces nos recuerdan cuando éramos niños y una galleta nos tranquilizaba o hacía que paráramos de llorar. Los sabores, texturas y aromas que evocan estos recuerdos personales positivos tienen la capacidad de hacernos sonreír.

La azúcar procesada aumenta las endorfinas las cuales ayudan en el estado de ánimo.

Comer un delicioso postre puede causarte:

Buen humor. Hace que el cerebro libere endorfinas. Estas hormonas te hacen sentir mejor casi de inmediato, así que come un postre si te sientes deprimido.

El azúcar real es bueno. Si va a derrochar un postre, debe elegir uno que contenga azúcar real en lugar de edulcorantes artificiales. De hecho, durante 12 días, los científicos investigaron los efectos a largo plazo del azúcar en comparación con el artificial. Descubrieron que el azúcar natural reduce los niveles de cortisol, la hormona del estrés.

Es bueno para tu corazón. Un estudio de 10 años realizado en 37,000 hombres suecos demuestra que el chocolate previene enfermedades cardiovasculares y derrames cerebrales.

Reduce la presión arterial y es un excelente sistema de recompensas.

¿Te sientes mal? Es momento de ir corriendo por un postre a La Casita de Nancy.